Por suerte o desgracia, cada año se producen un importante número de divorcios en nuestro país. Parejas jóvenes, personas que ya habían construido una familia numerosa con su  perro o perros durante años o solteros que van cambiando de compañeros de vida tienen además de familiares y amigos unas víctimas que suelen ser invisibles. Los perros, son precisamente las mascotas más sensibles a este tipo de cambios. ¿Lo sabías? Te lo contamos en nuestro post de hoy.

Cuando se hacen los proyectos de familia nadie cuenta con un final amargo, sin embargo y desgraciadamente las cosas no salen algunas veces como nos gustaría o  como hemos planeado y finalmente se producen los tan temidos divorcios. Un divorcio supone una separación amistosa o beligerante que incluye desde los espacios vitales, las personas que componían el núcleo familiar, alguno de los amigos y sobre todo las mascotas. Los perros, como mascotas más emocionalmente unidas al ser humano sufren mucho este tipo de procesos en los que de un día para otro dejan de convivir con sus ‘dueños’, o pasan de jugar con 2-3 miembros de la familia a tener sólo un dueño que además, está triste.

Es importante trabajar en la prevención de este tipo de traumas para un perro, en la medida de lo posible consiguiendo que todos los miembros de la familia se impliquen en la educación y los cuidados del perro, para que así no tenga la sensación de que ahora queda al cuidado de un desconocido.  En el caso de que no se puedan prevenir este tipo de acontecimientos, es muy importante no desatender a la mascota durante los tres primeros meses después del cambio ya que seguramente el perro evidenciará con síntomas físicos su estado interior de tristeza y abandono. Su apatía, falta de apetito, soledad y tristeza nos relatará que el animal no entiende qué ha pasado o por qué la casa se ha quedado tan vacía.

Es el momento de hacer un esfuerzo que puede resultar a la vez terapéutico y bueno para los nuevos y ‘forzados’ dueños. Trata a tu mascota como si fuera la primera vez que pisa tu hogar y dale mimos y cuidados como si fuera el primer día. Establece con él un calendario de rutinas positivas, la hora del cepillado, la hora del paseo, háblale y hazle parte de la nueva casa.

Otro consejo es durante esas semanas que la casa se nos ha quedado más vacía rodearte de amigos y compañeros que a la vez hagan compañía y den cariño al perro, para que comprenda que la nueva situación tiene también ventajas y no la asocie con todo negativo. Y por último, permite al animal en la medida de lo posible que siga teniendo visitas y el cariño de sus antiguos dueños. Por muy mal que haya quedado la relación, el cariño que la familia tiene a la mascota no tiene por qué cambiar.

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