Como dueños la labor de observación con los perros y principalmente durante su etapa de cachorros es fundamental para asegurar el correcto desarrollo físico y psicológico de nuestro can. Pero… ¿Qué pasa si observamos comportamientos compulsivos como cuando mi perro se persigue la cola?
Uno de los comportamientos más divertidos de nuestros perros es cuando de repente se ponen a perseguirse el rabo durante unos segundos. Seguro que muchos de vosotros recordáis esa vez que vuestro can os sacó una sonrisa utilizando éste recurso. Sin embargo, como pasa en los humanos, hay que estar atento para diferenciar si nuestro perro utiliza ese recurso para jugar, distraernos y quemar adrenalina o si por el contrario se ha convertido en un TOC, trastorno obsesivo compulsivo que nos rebela posibles problemas más graves.
Por supuesto no debemos preocuparnos si este juego para nuestro perro no se repite más que unas pocas veces al año. Pero si por lo contrario observamos que nuestro perro lo realiza con frecuencia debemos tomar medidas para evitar que la salud mental de nuestro mejor amigo se vea afectada y sobre todo tener en cuenta una cosa, como cualquier síndrome, es un síntoma de que algo va mal, y debemos hacer un estudio de la vida de nuestro perro (horas en las que se queda sólo, cuándo repite más éste comportamiento, etc…) para determinar de qué manera podemos cambiar sus rutinas para conseguir que esa costumbre se le quite de la cabeza.
De hecho es muy importante que una vez que nuestro perro realiza ese movimiento no mostrarle alegría ni recompensa por hacerlo, ya que el can interpretará que puede ganarse nuestro cariño haciéndolo y sin querer seremos partícipes de que realice con frecuencia ese ritual.
Para entender bien cómo un perro puede desarrollar este trastorno compulsivo existen tres agentes de influencia para el desarrollo de este tic perruno: alimentación, genética y aislamiento-soledad. Sí, aunque pueda parecer increíble hay cierta propensión de cierto tipo de razas como la de los Bull Terrier a padecer este tipo de trastornos. Quitando ese fenómeno, los otros dos agentes, la mala alimentación y los factores de aislamiento y soledad son naturalmente tratables y cambiables por parte del dueño en el caso en el que se compruebe que un perro requiere de tratamiento.
Por supuesto, de esos tres agentes el que más influencia tiene a la hora de desarrollar ese tic es el factor ambiental (aislamiento-soledad). Tal y como nos pasa a los seres humanos, la larga exposición de un animal a la soledad o el aislamiento puede afectar a su comportamiento psicológico y animar al desarrollo de los TOC (Trastornos Obsesivo Compulsivo). Para evitarlo, llevar una vida emocional sana con nuestra mascota, que incluya paseos, caricias, atenciones y libertades le ayudará a evitar este tipo de incómodos tics.
