La soledad, la falta de ejercicio físico, incluso cierta inadaptación social son rasgos que comienzan a caracterizar a las personas una vez cumplidos los 65 años. Conseguir que éste colectivo no se ‘desenganche’ de la vida y de sus cosas buenas es tarea harto difícil para familiares y amigos. Un perro como mascota garantiza, como veremos más adelante, nuevas ilusiones y costumbres para las personas mayores.

En muchos centros de mayores de municipios y localidades ya están poniendo en marcha terapias que usan a perros dóciles y entrenados para dar compañía y estimular cognitivamente a personas de edad avanzada con mucho éxito. Y es que adoptar un perro como mascota en ese tramo de edad sólo tiene ventajas. En demasiadas ocasiones nos encontramos con personas mayores de 65 años que han perdido las ganas de vivir, o que simplemente se siente marginados por la sociedad, o tienen poco contacto con familiares y amigos y pasan las horas solas en sus domicilios sin apenas incentivos de ningún tipo.

Es ahí donde introducir la presencia de un perro puede hacer cambiar muchísimos aspectos de este tipo de personas, ya que las mascotas son una cura infalible contra la melancolía. Lo único que debemos tener en cuenta es el tipo de can que mejor se adapta a estas edades, que será siempre un perro pequeño, dócil y de razas poco nerviosas ni potencialmente agresivas. Una vez seleccionado nuestro pequeño amigo, es hora de conocer qué beneficios reales y tangibles puede aportar a su dueño o dueños de la tercera edad.

En primer lugar aportan una razón para vivir, el mantener a esas edades la responsabilidad del bienestar de una mascota hará que los cuidadores tengan que salir a la calle para pasear al animal, comprarles comida, cuidarles y mimarles. Siempre es importante que las personas no pierdan las razones para continuar estando activas y alegres.

En segundo lugar, recibirán del can mimos y cariño, así como los perros mantendrán activas otras parcelas importantes de la psique humana como son el afecto, la atención, el contacto, las reminiscencias (al ver a su perro se acordarán de otras historias de perros en su vida), juegos o la importante estimulación mental, ya que se ejercita la vista, el tacto, olfato y oído.

También es un importante elemento de contacto social, ya que las personas mayores pueden compartir con otros interlocutores sus inquietudes o su día a día con las mascotas, al llevarlos al veterinario, pasearlos o simplemente al charlar con sus vecinos. Todos estos datos son muy importantes en edades avanzadas donde se han perdido muchas de las habilidades sociales que se cultivan en otros tiempos de juventud.

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