María acaba de volver de la perrera con ‘Wendy’ una preciosa cachorra mitad Yorkshire mitad Caniche, color gris, muy juguetona que hará las delicias de ella y de sus niñas pequeñas. Sin embargo, la pequeña ‘Wendy’ no para de llorar por las noches, complicando el sueño de la familia ¿Qué pueden hacer?

Adoptar una mascota que viene de la perrera municipal o de refugios para animales abandonados no es un proceso fácil ni rápido. Es importante recibir el asesoramiento adecuado acerca del estado físico y mental de los animales, su historial acerca de cómo fueron encontrados y qué experiencias traumáticas han podido vivir, y también es relevante el conocer cuántos días llevan viviendo en ese nuevo lugar de acogida así como su comportamiento diario.

Aunque parezcan muchos datos o muchas preguntas, si vamos a llevarnos a casa a un perro que ha vivido durante varios días o meses en un hogar de acogida, o que por ejemplo antes tuvo otra familia y sufrió un abandono conocer todos esos datos nos ayudará a entenderlo y a darle el apoyo físico y emocional que requiere.

Uno de los casos más comunes cuando una familia adopta a un cachorro de la perrera es que las primeras noches es difícil conciliar el sueño. Muchos de los perros que se adoptan han nacido en la perrera y para empezar, con su adopción han sido separados de sus madres aunque sea por su bien, por lo que muestran su pena y soledad por las noches al menos las 3-4 primeras jornadas, hasta que su memoria les empieza a generar nuevos recuerdos emocionales positivos (sus nuevos dueños).

Si adoptamos un perrito de la perrera, y como el caso del ejemplo, la pequeña ‘Wendy’ no para de gemir por las noches tenemos varias opciones para hacerle pasar el trago lo antes posible:

  1. Acercar sólo las primeras noches su zona de dormir a nuestros dormitorios o estancias.
  2. Pasar con el cachorro un rato acariciándolo en la oscuridad hasta que confíe en que se puede quedar solo tranquilo.
  3. Colocarle en su camita un peluche o algo que le recuerde la compañía de sus seres queridos.

Otro de los tics comunes que suelen tener los perros que vienen de un refugio o perrera está relacionado con el «ansia» por la comida, ya que en algunos de esos centros tienen que compartir la comida con otros perros más fuertes o agresivos que no les permiten acercarse al cuenco tanto como les gustaría. Eso les hace desarrollar cierta agresividad a la hora de que alguien se acerque a su nuevo comedero. Para evitarlo, es necesaria paciencia y buscar acariciarlo mientras que come o justo después de comer, para enviarle el mensaje de que no tiene por qué preocuparse por la falta de alimento.

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